Paseo entre un frío soleado, mientras a ambos lados los árboles se juntan en el cielo y dejan entrever un cielo azul que está más iluminado que nunca. Caen las hojas. Lentamente. Como vidas que caen sin darse cuenta de que caen. Cambian de color, caen, son olvidadas. Caminan a la nada viniendo del todo.
Miro ese camino que no tiene fin, la humanidad misma entre aquellos árboles sin fin, cuyas hojas sin tienen el fin.
Esa calzada que convertida en un purgatorio ya no nos deja ver el fondo negro de las cosas.

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